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MONOS VERSUS IMBÉCILES

24 maig

Quizás lo hayan visto, un vídeo que se convirtió en viral a principios de año extracto del programa “Spy the world” de la BBC. En él, un grupo de científicos introduce en una manada de monos langur un animatronic imitando las características propias de los bebés de la especie y capaz de gesticular y emitir algunos sonidos con el objetivo de engañar a la manada.

Uno de los monos siente curiosidad por el “nuevo” y juguetea con él hasta que por error, lo precipita al vacío. De inmediato, baja a socorrer al herido, lo abraza y lo vuelve a dejar con cuidado en el suelo. La tristeza se adueña de la manada, paralizan su actividad para rodear al “fallecido”, se acercan, lo tocan con cuidado intentando identificar algún signo de vida… Asumen la noticia, está muerto, y la toman como cuando uno de los “suyos” muere, se abrazan unos a otros reconfortándose, gimen, sienten el dolor de la pérdida por un recién llegado al que apenas empezaban a conocer… No hay dudas, es EMPATÍA y es tan natural en esta manada de monos, como en los humanos. Nos sucede lo mismo cuando vemos el sufrimiento ajeno y cercano, hay casi siempre (salvo psicopatías) una respuesta emocional.

El lunes pasado en Manchester murieron 22 personas consecuencia de un atentado suicida. Uno no puede ver las imágenes o escuchar las historias sobre las vidas truncadas sin contener las lágrimas y no podemos porque sentimos el dolor como propio. Nos colocamos en la piel de las familias que no volverán a estar completas, de los amigos que no volverán a jugar con aquélla niña tan hermosa y alegre a quien la madre, en el hospital, tampoco volverá a besar. Se establece una nueva comunidad, la de los que lo sentimos, y poco importa que esto haya ocurrido en el vecindario o en un país vecino. Ya existe cierta comunidad cultural entre los países europeos, pero además, el acto de terrorismo, nos recuerda que también somos objetivos, que ya ocurrió en París, o Niza, o Bruselas… Podríamos haber sido nosotros.

Y tratamos de llevarlo, de asumirlo, cuando aparece el “fiscalizador de la empatía” (cargo ejercido por no pocos imbéciles de manual) que suma las muertes, las reduce a un porcentaje y las relaciona con otros porcentajes de otras muertes, por otras causas, en otros lugares, pero igual de tristes y lamentables.

federicoturpeEMPATIA

El fiscalizador, nos reprocha ese sentimiento empático, “Horrorizados por un 1% de las muertes que hay cada día” como si no se pudiera sentir algo sin hacer constar todo lo que se siente y como si un triste porcentaje pudiera ridiculizar las pérdidas y los sentimientos de muchas personas. El fiscalizador, o el imbécil si lo prefieren, se coloca en un plano superior de moral en que ni la proximidad geográfica, ni la cultural son suficiente para sentir las muertes del primer mundo, ni siquiera que la amenaza sea la misma para nosotros, que seamos también objetivos de la misma. Él no siente ni padece la pérdida de un triste mono mientras no se sienta y padezca la de miles de ellos a la vez. Al fiscalizador le importa la cantidad. Él está por encima de las circunstancias de tiempo y lugar,… Va más allá, nos culpa de ellas, se regocija en la idea de que el terrorismo imparte cierto tipo de justicia divina, la que merecemos los que no mostramos el dolor que nos produce que haya niños famélicos cuando vemos a gente desmembrada en las calles de Manchester. Parece pensar “os quejáis de 22 muertos pues venga el terrorismo a daros más”.

Da igual que lo sintamos quizás de la misma manera, con el mismo horror… para los imbéciles, es más importante poder señalar a los demás. Es eso lo que hace, entona un mea culpa colectivo “nos merecemos los atentados” pero en realidad dice, “os lo merecéis, que YO veo más dolor y más lejos”.

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No tendréis mi odio.

26 nov.

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Abro el paquete y ahí están , dos libros, doy las gracias con ilusión mientras echo un primer vistazo, de inmediato hay uno que me llama la atención.

John Carlin, un partido de fútbol en Sudáfrica, interesante (me digo) pero no me voy a poner contigo ahora mismo, lo aparto como desecha un niño el día de Reyes el regalo más sofisticado, habrá tiempo para jugarlo, ya es mío, pero tengo otras prioridades. Es ese otro, el ilustrado con una mariquita en la portada el que quiero leerme ya.

“Este otro habla de la masacre en la sala Bataclán” me dicen.

– Lo sé.

Ya llevo 4 líneas, quería saber cómo estaba escrito y sigo… Mientras leo capto algunas palabras de fondo, he terminado el primer capítulo y creo que me han estado justificando la elección de “El factor humano”,…

– Seguro que está bien, respondo.

Llevo como 6 meses leyendo sólo teoría, hemos hablado alguna vez de la frustración que me produce tener dos o tres títulos aparcados, esperando su momento pero con “No tendréis mi odio” esto no va a pasar, se lee del tirón, te embauca en un segundo y te envuelve en una atmósfera de tal sensibilidad que cuesta muchísimo salir de ella.

Es una preciosa carta de amor, escrita en un momento tan temprano del dolor que mientras lees sientes que quizás no haya nada más cercano a la pureza. Son los 10 primeros días de una víctima de terrorismo y su hijo de 17 meses, cuando todavía uno no se pregunta las razones, cuando no asumió la pérdida, cuando ni se lo explica ni lo puede explicar.

Quizás es una huida hacia delante, pero una huida hacia delante valiente. Es un triste canto a la esperanza, porque hay un niño, un bebé que abastece de coraje a su padre y un padre que se siente torpe sin su amor, que se sabe tremendamente inhábil, y que descubre ese mismo juicio sobre él en la ayuda de los demás.

Se aparcan las preguntas sobre el futuro y uno se pregunta si es un héroe sólo por resistir, no existen los héroes ni las virtudes eternas. Habrá un presente a veces muy difícil, habrá debilidad y uno no siempre se reconoce en la entereza que simula ante los demás.

El nudo en la garganta te acompaña en el transitar de las páginas y permanece horas después de leerlo, es poesía.

Nunca se agradece lo suficiente cuando te regalan emociones.

 

 

EL COMPLEJO DE JUSTINE Y LA IZQUIERDA EUROPEA

19 jul.

maltrato

“¿Bajo qué fatal estrella tengo que haber nacido, me dije, para que me resulte imposible concebir un solo sentimiento de virtud que no sea inmediatamente seguido por un diluvio de males, y cómo es posible que esta ilustre providencia, cuya justicia me gozo en adorar, al castigarme por mis virtudes, me haya ofrecido al mismo tiempo la visión de quienes me aplastaban con sus vicios en la cúspide?…” Justine o los infortunios de la Virtud (Donatien Alphonse François de Sade, El Marqués de Sade).

Pobre Justine, un chica joven virtuosa, guiada por los más altos valores y los más férreos principios; encarnación de la verdad, del compromiso, de la justicia, de alguna manera abnegada, constante, piadosa, generosa, afable, clemente,agradecida…

A ella destinó el Marqués de Sade a sufrir los peores agravios, a ser injuriada y ofendida no sólo en su Fe sino también en su cuerpo en su mítica novela “Justine o los infortunios de la virtud”. Sufrió la traición de quienes más le importaban, de quienes idolatraba y a quienes más intentaba agradar y aunque su intención siempre fue prestar su ayuda a los que parecían necesitarla siempre fue utilizada, apaleada, insultada, vapuleada y despreciada.

Cuando salía adelante, Justine siempre lamentaba no haber podido hacer más por sus abusadores, captores, traidores y maltratadores, siempre mostraba compasión por los que creía alejados del bien, y aceptaba cada golpe como un castigo divino, como algo que en el fondo merecía por no haber puesto la otra mejilla, por no haber sido suficientemente piadosa, comprensiva, porque si eran malos con ella sería por algo, seguro había alguna causa detrás que lo explicaba y ella no había podido entender, rezaba para en el futuro estar a la altura de las circunstancias. De alguna forma, interpretaba ella, su sufrimiento era de justicia.

A muchos europeos les pasa como a Justine, cuando reciben un golpe buscan una forma de justificarlo, quieren “entenderlo” ¿qué hemos hecho mal? y rebuscan en su conciencia motivos para justificar el maltrato; “es por lo de Iraq“, seguro que ese ciudadano francés que decidió coger un camión  y atropellar a quien se encontraba por el paseo de los ingleses en Niza tenía una buena razón para sembrar tanto terror en tan pocos minutos, “no hemos estado a la altura“, “es una venganza justificada“,…

Poco importa que Francia fuese uno de los más tajantes opositores a la guerra de Iraq, porque aquéllo es algo que quedó en la conciencia colectiva como una componenda de mentiras que arrojó un resultado vergonzoso, quedó fijado en nuestra memoria como una tremenda injusticia, como un error, y lo fue; pero no puede servir  para indefinidamente explicar el dolor que hoy en día los yihadistas tratan de llevar a todo el mundo.

Cualquiera puede ser víctima de un fanático, y este nunca necesita razones para hacer lo que hace, sus actuaciones no provienen de razonamientos, su impulso no es hacer justicia. No, su impulso es hacer daño, la maldad por la maldad, el dolor para su regocijo, ¿tan difícil es ver esto?

Europa sufre el complejo de “mujer maltratada”, el de Justine.

Si pudiéramos acercarnos a esa mujer que ha sufrido maltrato psicológico y físico, que se siente inútil y fracasada, que busca en sí misma la culpa de una situación que ella no ha provocado, probablemente le diríamos: “tú vales mucho, eres valiente, tienes valor por tí misma, eres bella, eres buena, eres trabajadora, te preocupas por los demás, te importan las personas y no hay capacidad humana más grande que la de la empatía”…

Si le habláramos de su maltratador seguro trataríamos de sacarla de su ceguera, convencerla de que no podía hacer más por su acosador, que ni estando más callada, ni más sumisa, ni más agradecida o complaciente hubiera podido evitar las palizas. Le diríamos que ese vil personaje no merecía ni su respeto, ni sus lágrimas, nadie merece vivir con miedo, nadie merece vivir sometido, nadie es quién para atemorizar ni para someter a otros,… Le diríamos que la queremos tal y como es, le diríamos que cuente con nosotros.

¿Porqué no hacemos lo mismo con Europa? ¿Porqué no nos pedimos auto-respeto, dignidad y orgullo? ¿Porqué no nos animamos a levantar la cabeza, a mirar de frente los problemas y enfrentarlos sin miedo, sin culpas?

Porqué no nos decimos a nosotros mismos que vivimos en la tierra de las oportunidades, donde todo el mundo querría vivir, donde se vive en Paz, donde conviven muchas culturas en el respeto mutuo, donde muchos expatriados, donde los que huyen eligen vivir. Somos el continente, la unión de estados, que más coopera al desarrollo de los rincones más desfavorecidos del Planeta, el que más se preocupa por hacer del mundo un lugar mejor. Aquí se garantizan los derechos humanos, seas quién seas vas a tener resguardados tus derechos, aquí existe la tutela judicial efectiva,  se tiene derecho a un juicio justo y a elegir a los que nos gobiernan y por supuesto aquí no hay hordas de radicales armados exigiendo  sometimiento a la violencia.

Europa es un oasis de libertades cuya mera existencia irrita a los fanáticos, aquéllos que quieren imponer su sharia, su desierto falto de humanidad y donde cualquier resto de civilización, si la hubo alguna vez, fue convertido en una anécdota mucho tiempo atrás. Aquellos fanáticos que lapidan al disidente, los que no ofrecen mayor oportunidad que el sometimiento, los que no creen en la igualdad de todos los seres humanos,  aquéllos que no saben el significado del diálogo porque sus conversaciones se articulan a través del terror, del dolor y el sufrimiento.

Esos fanáticos que atentan hoy aquí, son los mismos que empujan a miles de musulmanes a buscar en Europa lo que en sus países es simple y llanamente un imposible. Los que huyen de allí buscan sobre todo un futuro, y más que nada un futuro de libertad para sus hijos, buscan la Paz y las oportunidades que en su país ni siquiera se atreven a soñar por miedo a la represalia de los integristas. Los que los obligan a huir son los mismos exaltados que hoy que miran con recelo Europa los que la quisieran destruir porque significa todo aquéllo que aborrecen, todo aquéllo que ni en un cielo de 7 vírgenes tendrían, el oasis de los principios y valores democráticos frente a la aniquilación del que opine distinto, la discriminación sexual, de castas, política y religiosa, en definitiva, oasis frente a desierto.

Yo invito a verlo así: Europa es sobre todo sinónimo de Libertad. Libertad de expresión, de reunión, de asociación, religiosa… donde todos tienen derecho a educar a sus hijos en igualdad, donde tenemos derecho a que nadie nos imponga una identidad ni racial, ni étnica, ni religiosa, ni cultural, ni lingüística, ni sexual… Donde se tiene el derecho a ser quienes somos, quienes queramos ser, sin imposiciones de ningún tipo, sin miedo.

No nos atacan para devolver una deuda pendiente, nos atacan porque Europa representa todo lo que odian, y sobre todas las cosas la que más odian es la LIBERTAD.

 

 

 

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