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EL COMPLEJO DE JUSTINE Y LA IZQUIERDA EUROPEA

19 jul.

maltrato

“¿Bajo qué fatal estrella tengo que haber nacido, me dije, para que me resulte imposible concebir un solo sentimiento de virtud que no sea inmediatamente seguido por un diluvio de males, y cómo es posible que esta ilustre providencia, cuya justicia me gozo en adorar, al castigarme por mis virtudes, me haya ofrecido al mismo tiempo la visión de quienes me aplastaban con sus vicios en la cúspide?…” Justine o los infortunios de la Virtud (Donatien Alphonse François de Sade, El Marqués de Sade).

Pobre Justine, un chica joven virtuosa, guiada por los más altos valores y los más férreos principios; encarnación de la verdad, del compromiso, de la justicia, de alguna manera abnegada, constante, piadosa, generosa, afable, clemente,agradecida…

A ella destinó el Marqués de Sade a sufrir los peores agravios, a ser injuriada y ofendida no sólo en su Fe sino también en su cuerpo en su mítica novela “Justine o los infortunios de la virtud”. Sufrió la traición de quienes más le importaban, de quienes idolatraba y a quienes más intentaba agradar y aunque su intención siempre fue prestar su ayuda a los que parecían necesitarla siempre fue utilizada, apaleada, insultada, vapuleada y despreciada.

Cuando salía adelante, Justine siempre lamentaba no haber podido hacer más por sus abusadores, captores, traidores y maltratadores, siempre mostraba compasión por los que creía alejados del bien, y aceptaba cada golpe como un castigo divino, como algo que en el fondo merecía por no haber puesto la otra mejilla, por no haber sido suficientemente piadosa, comprensiva, porque si eran malos con ella sería por algo, seguro había alguna causa detrás que lo explicaba y ella no había podido entender, rezaba para en el futuro estar a la altura de las circunstancias. De alguna forma, interpretaba ella, su sufrimiento era de justicia.

A muchos europeos les pasa como a Justine, cuando reciben un golpe buscan una forma de justificarlo, quieren “entenderlo” ¿qué hemos hecho mal? y rebuscan en su conciencia motivos para justificar el maltrato; “es por lo de Iraq“, seguro que ese ciudadano francés que decidió coger un camión  y atropellar a quien se encontraba por el paseo de los ingleses en Niza tenía una buena razón para sembrar tanto terror en tan pocos minutos, “no hemos estado a la altura“, “es una venganza justificada“,…

Poco importa que Francia fuese uno de los más tajantes opositores a la guerra de Iraq, porque aquéllo es algo que quedó en la conciencia colectiva como una componenda de mentiras que arrojó un resultado vergonzoso, quedó fijado en nuestra memoria como una tremenda injusticia, como un error, y lo fue; pero no puede servir  para indefinidamente explicar el dolor que hoy en día los yihadistas tratan de llevar a todo el mundo.

Cualquiera puede ser víctima de un fanático, y este nunca necesita razones para hacer lo que hace, sus actuaciones no provienen de razonamientos, su impulso no es hacer justicia. No, su impulso es hacer daño, la maldad por la maldad, el dolor para su regocijo, ¿tan difícil es ver esto?

Europa sufre el complejo de “mujer maltratada”, el de Justine.

Si pudiéramos acercarnos a esa mujer que ha sufrido maltrato psicológico y físico, que se siente inútil y fracasada, que busca en sí misma la culpa de una situación que ella no ha provocado, probablemente le diríamos: “tú vales mucho, eres valiente, tienes valor por tí misma, eres bella, eres buena, eres trabajadora, te preocupas por los demás, te importan las personas y no hay capacidad humana más grande que la de la empatía”…

Si le habláramos de su maltratador seguro trataríamos de sacarla de su ceguera, convencerla de que no podía hacer más por su acosador, que ni estando más callada, ni más sumisa, ni más agradecida o complaciente hubiera podido evitar las palizas. Le diríamos que ese vil personaje no merecía ni su respeto, ni sus lágrimas, nadie merece vivir con miedo, nadie merece vivir sometido, nadie es quién para atemorizar ni para someter a otros,… Le diríamos que la queremos tal y como es, le diríamos que cuente con nosotros.

¿Porqué no hacemos lo mismo con Europa? ¿Porqué no nos pedimos auto-respeto, dignidad y orgullo? ¿Porqué no nos animamos a levantar la cabeza, a mirar de frente los problemas y enfrentarlos sin miedo, sin culpas?

Porqué no nos decimos a nosotros mismos que vivimos en la tierra de las oportunidades, donde todo el mundo querría vivir, donde se vive en Paz, donde conviven muchas culturas en el respeto mutuo, donde muchos expatriados, donde los que huyen eligen vivir. Somos el continente, la unión de estados, que más coopera al desarrollo de los rincones más desfavorecidos del Planeta, el que más se preocupa por hacer del mundo un lugar mejor. Aquí se garantizan los derechos humanos, seas quién seas vas a tener resguardados tus derechos, aquí existe la tutela judicial efectiva,  se tiene derecho a un juicio justo y a elegir a los que nos gobiernan y por supuesto aquí no hay hordas de radicales armados exigiendo  sometimiento a la violencia.

Europa es un oasis de libertades cuya mera existencia irrita a los fanáticos, aquéllos que quieren imponer su sharia, su desierto falto de humanidad y donde cualquier resto de civilización, si la hubo alguna vez, fue convertido en una anécdota mucho tiempo atrás. Aquellos fanáticos que lapidan al disidente, los que no ofrecen mayor oportunidad que el sometimiento, los que no creen en la igualdad de todos los seres humanos,  aquéllos que no saben el significado del diálogo porque sus conversaciones se articulan a través del terror, del dolor y el sufrimiento.

Esos fanáticos que atentan hoy aquí, son los mismos que empujan a miles de musulmanes a buscar en Europa lo que en sus países es simple y llanamente un imposible. Los que huyen de allí buscan sobre todo un futuro, y más que nada un futuro de libertad para sus hijos, buscan la Paz y las oportunidades que en su país ni siquiera se atreven a soñar por miedo a la represalia de los integristas. Los que los obligan a huir son los mismos exaltados que hoy que miran con recelo Europa los que la quisieran destruir porque significa todo aquéllo que aborrecen, todo aquéllo que ni en un cielo de 7 vírgenes tendrían, el oasis de los principios y valores democráticos frente a la aniquilación del que opine distinto, la discriminación sexual, de castas, política y religiosa, en definitiva, oasis frente a desierto.

Yo invito a verlo así: Europa es sobre todo sinónimo de Libertad. Libertad de expresión, de reunión, de asociación, religiosa… donde todos tienen derecho a educar a sus hijos en igualdad, donde tenemos derecho a que nadie nos imponga una identidad ni racial, ni étnica, ni religiosa, ni cultural, ni lingüística, ni sexual… Donde se tiene el derecho a ser quienes somos, quienes queramos ser, sin imposiciones de ningún tipo, sin miedo.

No nos atacan para devolver una deuda pendiente, nos atacan porque Europa representa todo lo que odian, y sobre todas las cosas la que más odian es la LIBERTAD.

 

 

 

Anuncis

El Brexit, una patada a todo lo que era bueno.

24 juny

brexit

Hoy 24 de Junio de 2016, Europa es un lugar más triste.

No puedo decir que ayer fuera jauja, venimos de una grave crisis que todavía muestra espasmódicamente sus consecuencias y hay cierto consenso en que no se han hecho las cosas bien. Se han construido fronteras artificiales, se han negociado responsabilidades sobre el devenir de seres humanos desplazados de conflictos armados,… pero sobre todo lo que más me duele es que se han azuzado movimientos nacionalistas y xenófobos como el Frente Nacional de Le Pen, los Verdaderos Finlandeses, el FPO austríaco, Amanecer Dorado en Grecia, Alternativa para Alemania, el Ley y Justicia en Polonia o el reciente ganador del Brexit, el UKIP en Reino Unido.

Todos han ganado fuerza tras la crisis económica y la reciente amenaza del DAESH. Todos ellos comparten argumentos racistas, “hay que impedir la entrada de inmigrantes” ha dicho Le Pen, Amanecer Dorado decía que si había que apretarse el cinturón que fuera sólo por los verdaderos griegos, los de Alternativa para Alemania convocan manifestaciones “contra la islamización de occidente” y el UKIP presenta el proyecto europeo como una cola de refugiados sirios que avanza hasta las puertas de un Reino Unido que sólo puede negar su adhesión a la UE porque eso supone una responsabilidad sobre los que peor lo pasan en Europa y a ellos “a solas les va mejor y tocan a más”. Defienden su euroescepticismo basándose en criterios de superioridad nacional, frente al sueño de integración e igualdad que supone la UE.

Entiendo todo esto como una amenaza a los valores sociales europeos, y es cierto que hay problemas que resolver, cuestiones que atajar, pero no podemos perder de vista todo lo que conseguimos con el proyecto de la Unión. Logramos construir un período de Paz de varias décadas, construir un mercado común, que jóvenes de todas partes de Europa pudieran estudiar en cualquier país y poder ejercer su profesión donde mejores expectativas de futuro tuviesen siendo tratados como iguales en derechos y libertades por muy lejos que estuvieran del país que les vio nacer, se eliminaron las fronteras y se liberalizó el mercado de trabajo, se estableció un marco de cohesión legislativa, se ha instalado la evaluación de la Corte de Derechos Humanos sobre las resoluciones judiciales nacionales como instrumento que haga coherentes las formas de entender los derechos y libertades de los europeos, que un alemán o un portugués pudieran ver defendidos sus derechos en un marco superior de entendimiento de los mismos superado el ámbito nacional.

Quizás lo que más me enfada y desilusiona es que a todo esto se llegue con el disfraz pseudo-democrático del “derecho a decidir”. Esa trampa de  que sólo por votar el resultado es democrático, porque no lo es. La Democracia y la Unión Europea tienen como principios y valores inspiradores la Igualdad, la Solidaridad y el respeto a los Derechos Humanos, son valores que defendemos como propios e inalienables de todo ser humano con independencia de su raza, origen, género, religión y orientación sexual, pero hoy, en esta gris Europa ha triunfado el nacionalismo euroescéptico, el de las fronteras, el de las razas, el contrario a otras religiones, el que no asume responsabilidades sobre los desastres humanitarios, el que niega la entrada a los necesitados, el que entiende que la defensa de su propio bolsillo bien explica cerrar la puerta en las narices a los demás (humanos,antes iguales). Estamos dejando que este discurso triunfe, que haya más nacionalismos, que unos se sientan con más derechos que otros, que la solidaridad sea concebida como una fórmula de sacarnos el dinero de los bolsillos y no como una garantía de progreso social y si cabe, lo estamos agravando al concebir que esa patraña del “derecho a decidir” no será una artimaña para que los discursos más populistas, excluyentes y xenófobos calen en una sociedad, la europea, que hace apenas 71 años se enfrentaba a la IIGM, consecuencia directa de discursos xenófobos y supremacistas, el odio y el temor al distinto enarbolados como argumentos políticos.

Los que defendemos la integración, los que queremos una Europa responsable, solidaria, no ajena al dolor por lo que ocurre allén de nuestras fronteras, los que entendemos que los proyectos que merecen la pena hay que defenderlos hasta el final, lucharlos, los que hemos mirado alguna vez con ilusión ese proyecto de Paz, Igualdad y Solidaridad, no podemos compartir posturas como la que hoy algunos consideran “verdadera democracia”, no podemos defender que allá cada cuál con lo que le ocurra, o que la soberanía se explica exclusivamente sobre reduccionismos locales y decisiones sectarias, o que no hay forma de entender una soberanía de la Unión, común, integradora e igualitaria.

Mañana podríamos estar votando la negativa a los refugiados a entrar en nuestras fronteras, probablemente vendría tras el calado del discurso del miedo al Islam (consecuencia de execrables atentados por grupos integristas) o de la mano de la falta de recursos económicos, o el paro,… Seguro este discurso vendría articulado por salvapatrias acomodados socialmente e instalados en la negativa a la cooperación, o en la defensa de unos ciudadanos respecto a otros, el típico y cada vez más común “no son como nosotros”. Hay cosas que no deberíamos poder decidir, y algunos no se dan cuenta que los peores discursos, son los que más calan en contextos de crisis, por eso la responsabilidad no debería permitir jugar a una carta todo lo que hemos construido.

 Nunca he asumido argumentarios apocalípticos porque siempre he pensado que hay un consenso sobre los valores democráticos (hoy creo haber perdido un poco de esa inocencia); pero hoy, cuando me digan “esto es Europa” como si fuera un salvoconducto o existiera una vacuna que simplemente por estar en Europa nos defendiera de virus como la xenofobia, no podré dejar de sentir un pinchazo en el corazón, un triste presentimiento de que de no hacer nada los que creemos en esos valores; lo que “era Europa” dejará de serlo.

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