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EL FUTURO ES NUESTRO

15 maig
Nosotros decidimos hacia donde vamos
Decidamos adónde queremos ir y vayamos.

 

El futuro es nuestro, con esta premisa deberíamos encarar estos momentos de crisis tanto económica como social y política. Es difícil conseguir mejoras y cambios verdaderamente importantes si no somos capaces de plantearnos la responsabilidad que nos atañe  sobre el futuro de nuestra sociedad.

De la misma manera que los logros del pasado la derrota del franquismo, la transición a la democracia, la creación de un nuevo estado de libertades y de servicios a los ciudadanos, la consecución de nuevos derechos sociales,… no son un logro exclusivo de los políticos sino que son una conquista de todos y cada uno; de la misma manera las crisis, la falta de implicación, el derrotismo ciudadano, la desmotivación social,… son también nuestra primera responsabilidad. Todo aquéllo en lo que un día avanzamos no se hubiese producido sin la suma de voluntades, sin la colaboración, sin el esfuerzo diario, sin la capacidad de dar relevancia a lo verdaderamente importante para construir un futuro mejor, ¿Porqué no somos capaces de colocarnos ahora en la posición de agentes de cambio?

Si en su día pudimos superar viejos conflictos, si fuimos capaces de aportar en el pasado lo mejor que teníamos luchando contra aquéllo que considerábamos injusto ¿Qué nos ha inhabilitado ahora para hacerlo? ¿ para poner en nuestros objetivos las futuras soluciones? No se puede dejar en otras manos lo que debería estar en las nuestras. El crecimiento del desencanto debería ser un síntoma que nos llevara a movilizarnos, debería llevarnos al rechazo de algunos discursos derrotistas e interesados que pretenden manejarnos a su antojo (cuanto más desmotivados más manejables), deberíamos ser críticos y participativos; implicarnos porque de otra manera no habremos formado parte en la toma de las decisiones que más nos afecten y lo pagaremos. Son muchos los aspectos en los que deberímos cambiar nuestra sociedad, desde la toma de decisiones económicas, reformas sociales, laborales, de inmigración; hasta las decisiones que tengan que dirigir políticas como la medioambiental, energías renovables, consumo,… o la base más ideológica de la política, pensemos en una gobernanza laica, consecución de mayores cuotas de igualdad,  las formas de cooperación internacional o el rechazo a la violencia de todo tipo.

Siendo como son las crisis oportunidades de cambio, reclamemos esa oportunidad como nuestra. Neguémonos a excluir esfuerzos, neguémonos a buscar los culpables fuera. Confiemos en las personas, algunos mensajes a los que nos exponemos suponen el rechazo de lo ajeno, de lo que nos es extraño, de aquéllos que no conocemos, tratan de incrementar el miedo entre la gente, tratan de establecer diferencias y separaciones artificales entre nosotros como si hubiese diferentes clases de ciudadanía, como si en la unidad no estuviese la fuerza,  y de ésta manera sólo nos presentan como buena una forma de evolucionar “la de unos pocos” la de ésos que se colocan por encima de los demás creyéndose con derecho a decirnos cómo vivir o la sociedad que deberíamos crear.  Pero éso sólo ocurrirá si no tomamos parte, porque el futuro es nuestro y nosotros decidimos si lo construimos o dejamos que otros lo hagan a su antojo.

P.D.- Os comparto una frase que vi una vez en una pared pintada: “Si peleo puedo perder, si no lo hago ESTOY PERDIDO”.

PREJUICIOS CON PATAS

15 maig
La masa acrítica mira hacia donde le dicen que mire.

La masa acrítica mira hacia donde le dicen que mire.

Nos movemos a base de prejuicios, antes de probar una cosa tenemos la intuición de qué sabor tendrá solo con verla u olerla; no necesitamos conocer algo de primera mano para tener todo un abanico de conclusiones que nos guían desde el momento cero en que tenemos la oportunidad de experimentarlas por nuestra cuenta. Un país al que no hemos ido nunca, una cultura, un suceso histórico,…  Con las personas nos ocurre lo mismo;  con un solo golpe de vista atendiendo a aquéllo superficial, nos conformamos una idea bastante completa de esa persona sin ni siquiera haber entablado una conversación nunca con ella; la edad que tiene, su país de origen, el tipo de música que escucha, su trabajo,… incluso rasgos de su personalidad, si es de derechas o de izquierdas, aseado o desordenado,… y de repente todas esas conclusiones previas nos guían en nuestra relación con ella. Esto es debido a la capacidad de nuestro cerebro de relacionar la información de la que ya disponemos; en cuanto vemos una imagen u olemos un perfume, nuestro cerebro empieza a buscar en nuestra memoria datos sobre experiencias anteriores que puedan explicar o dotar de mayor complejidad aquello con lo que nos encontramos. Con todo ello, las malas experiencias dotan de otra dimensión todo aquéllo que se nos presenta en nuestro día a día.

Somos prejuicios “con patas”, atrás quedaron aquéllos años en que todo nos sorprendía en que sin ningun miedo nos enfrentábamos al día a día, tiempos en  que no podíamos desconfiar porque nunca nos había ocurrido nada malo. Ahora todo quedó atras, demasiadas experiencias que eluden contenidos memorísticos negativos. Además la TV, la información, los medios de comunicación, ése cuarto poder que se encarga de dar relevancia a unas cosas en detrimento de otras, la necesidad de emitir contenidos exprés y la falta de adaptación a ésto de la ciudadanía, y las nuevas formas de periodismo de militancia lo único a lo que de verdad contribuyen es a la confusión.

Está en nuestras manos saber aligerarnos de todo este peso, vaciar nuestras mochilas de juicios “dirigidos”, de interpretaciones condicionadas sobre las cosas; la mejor forma de evitarlo puede ser la predisposición por acercarse más a la verdad (a la nuestra) y sólo puede hacerse con el análisis crítico de toda información que nos llega; con no quedarnos sólo con la parte a la que otros quisieran que atendiéramos, con rebuscar un poco más en el fondo; confrontaciones de ideas, debates, constrastación de los hechos (a veces lo único realmente objetivo que se nos presenta), conocimiento por la experiencia en definitiva y no por aquéllas cargas emocionales que a veces no sabemos si son verdaderamente nuestras o inculcadas.

Se impone al ciudadano una necesidad nueva; SER ESCÉPTICO Y CRÍTICO y FORMARSE UNA OPINIÓN PROPIA SOBRE LAS COSAS, todo ésto además de ser muy necesario nos es muy útil para encarar nuestras decisiones más democráticas.

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